Hace unos días estuve platicando con unos amigos, y obviamente los videojuegos salieron al tema de conversación. Estuvimos platicando de cómo nos iniciamos en esto del gaming y por todas las etapas que hemos pasado.
Yo no recuerdo la edad exacta en que comencé pero era prácticamente un bebé, hahaha. La verdad es que tendría unos 3 o 4 años cuando una vecina le recomendó a mi mamá un “aparatito que se conecta a la televisión” para que me mantuviera entretenido. Ese aparato resultó ser Pong, y vaya que me entretuvo ya que me causó adicción tanto a mi como a mi papá. Después de eso me compraron un Atari 2600 y fue donde verdaderamente comenzó mi vida como jugador, recuerdo los clásicos Pac Man, Dig Dug, Frogger, y otros como Skiing y Taz que me mantenían frente a la televisión por horas. Algo que me cuentan mis papás es que iban vecinos ya grandes (de 13 a 17 años) a buscarme “para jugar”, y en realidad iban pero a jugar Atari ya que a mi me dejaban de espectador.
Pasó el tiempo y mientras tanto visitaba las típicas salas de “maquinitas” en donde gaste una pequeña fortuna, pero fue hasta que llegó el NES cuando comenzó una nueva y emocionante etapa. De hecho recuerdo ese momento perfectamente, cuando de repente llegó mi papá con la caja del Action Set, e inmediatamente lo conectamos en la televisión de la cocina y nos pusimos a jugar mi hermana y yo hasta la madrugada. De hecho estaba aplicando el n00b mode cuando acabe el primer mundo y tontamente pensé que ya había terminado el juego, lol. Todavía tengo flashbacks de Toad diciendo que la princesa está en otro castillo. Más adelante compré también el famoso tapete, que creo lo use unas dos veces y pasó a hacer bulto en el closet. En esta era los juegos que más recuerdo son Super Mario Bros 3, Punch-Out, Contra (jugarlo en cooperativo era lo máximo), Metroid y por supuesto The Legend of Zelda.
Después del NES tuve una etapa que considero un punto baja en mi vida de jugador, no estaba muy inspirado en comprar el SNES, de hecho me tardé en comprarlo. Pero bueno, cuando decidí hacerme de una de estas nuevas consolas me topé con una impresionante cantidad de juegos disponibles, entre los que más recuerdo Super Mario Kart, Killer Instinct, Super Mario World y Street Fighter II.
Luego esperaba con ansias la salida del N64, que de hecho lo compré unos días después de su lanzamiento. Qué buenos tiempos aquellas tardes de largas sesiones con Super Mario 64, Mario Kart 64, Ocarina of Time, Perfect Dark y Star Fox 64, pero definitivamente otro nivel la experiencia multiplayer de GoldenEye 007 y las retas con International SuperStar Soccer 64.
Todo iba perfectamente y estaba completamente satisfecho con mi consola de Nintendo, hasta un día que fui a una “pulga” (bazar, flea market, mercado) y en un local estaban jugando un título súper realista y violento que hizo que me quedara como 15 minutos parado viéndolo, era Resident Evil… ¡tenía que tenerlo en mi casa! Me puse a ahorrar hasta que complete para comprar esa consola que quizá no era tan famosa pero que impresionaba con sus capacidades, el PlayStation. Recuerdo muy bien que cuando la fui a comprar el señor que atendía en el local me decía “tienes que tener mucho cuidado porque esta es muy delicada, si la mueves un poquito se te descompone el lector y ya valió”. De hecho ese día regresé a mi casa cargando la caja como si se tratara de un químico radioactivo, pero en fin. Definitivamente fue una de las mejores decisiones que he tomado el haber entrado al mundo de Sony, inmediatamente compré Resident Evil, Resident Evil 2, Final Fantasy VII, Silent Hill, Gran Turismo.. pero bendito el día que compre Metal Gear Solid, no cabe duda que sigue siendo el mejor juego que he probado en mi vida.
Después de este descubrimiento obviamente seguí por el camino de Sony y dejé a un lado Nintendo (desde entonces deje pasar el GameCube y el Wii), por lo que compré un PlayStation 2, de hecho lo hice durante la semana de lanzamiento de la consola y debo mencionar que esta misma es la que aún conservo y funciona como en el primer día, vaya suerte la mía. El PS2 me hizo disfrutar de títulos como Ico, Okami, los Grand Theft Autos, Metal Gear Solid 2 y 3, Rez, Resident Evil 4, God of War, Final Fantasy X, Guitar Hero, Shadow of the Colossus y otro montón que no acabaría de mencionar. Aquí un tache para mí porque caí en el lado oscuro al meterle chip a la consola, aunque debo justificarme al decir que lo hice para poder jugar los Winning Eleven japoneses que en ese entonces no había disponibles para nuestra región. Recuerdo que un amigo me quemaba los juegos y con solo ver la intro ya me tenía impactado, y más con la jugabilidad impresionante que permitían unas retas como ningún otro lo podría hacer.
También tuve la oportunidad de adquirir el Dreamcast de Sega, que debo decir era una consola excelente muy adelantada a su época. Su diseño, la posibilidad de jugar en línea sin tener que pagar más ni comprar adaptadores, la unidad de memoria con pantalla, las gráficas impresionantes.. debo decir que aún con su corta vida la recuerdo con mucho cariño y es una de las consolas que más he disfrutado. Esto fue gracias a títulos como Resident Evil: Code Veronica, Jet Grind Radio, Virtua Tennis, Unreal Tournament y por supuesto Shenmue (del cual aún sigo esperando la continuación).
Después de esto me fui por el Xbox como plataforma alterna al PS2, y aunque al principio no le tenía mucha fe me encontré con grandes sorpresas como Halo, que hizo que tuviera la primera “LAN party” con mis amigos al juntar las consolas para jugar en red. Con la llegada de la segunda parte de Halo, Ninja Gaiden, Star Wars KOTOR, Forza, Splinter Cell y Shenmue II fue suficiente para seducirme y convencerme para comprar el Xbox 360, consola que actualmente poseo y que me ofrece la dosis necesaria para mantenerme entretenido.
Aunque nunca he sido muy fanático de las consolas portátiles he tenido un GameBoy de los primeritos, el famoso tabique, que de hecho conservaba hasta hace poco en excelentes condiciones, y un Nintendo DS Lite negro que vendí y que ahora me arrepiento de haberlo hecho.
En fin, ahora juego principalmente en línea títulos como Halo 3, Call of Duty 4, Gears of War, además de Guitar Hero III y Rock Band. Estoy por comprar un PlayStation 3 para Metal Gear Solid 4 y otros juegos que vienen como God of War 3, y pues en un futuro espero seguir al pendiente de la evolución de las plataformas y continuar con este hobby estilo de vida.
Platicando con amigos a través del Messenger me surgió una pregunta: ¿cómo se mide el nivel de un gamer?. Me refiero a cómo saber clasificarlo como casual o hardcore, o como saber si es bueno o malo.
Hay niños o chavos muy jóvenes que no tienen idea de la historia de las consolas, que comenzaron a jugar con un Xbox 360 o un PS3 pero tienen la habilidad natural para ganarle a todos en Halo 3 o Call of Duty 4, incluso a experimentados veteranos que han jugado desde las épocas de Pong y que han tenido en su haber todas las plataformas existentes.
También hay quienes tienen cientos de juegos y los presumen entre sus amigos y conocidos, pero que no logran terminar ni uno solo. Compran los juegos el mismo día de su lanzamiento y solo lo prueban por unas horas hasta que tienen otra novedad, y así sucesivamente.
Por otro lado actualmente, y gracias a la idea implementada por Microsoft, los jugadores se basan mucho en el GamerScore del Xbox 360. Para muchos la cantidad de puntos en tu gamercard refleja tu nivel de habilidad, y la verdad es que esto no está ni cerca de la realidad. Hay algunos que compran o rentan juegos solo para sacar los puntos, incluso investigan en Internet la manera de desbloquearlos fácilmente y en lugar de saborear el juego solo buscan aumentar su puntuación personal (de esto ya hablaré más extendido en otro post).
En fin, creo que un verdadero gamer es aquel que se divierte y disfruta de un juego, aquel al que no le importa que no sea el más promocionado, ni que venda millones en su primer día, ni mucho menos que te “regale” 1000 puntos. Gamer es aquel que entiende y aprecia un título, y que juega por diversión, no por obsesión.
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El pasado Viernes 4 de Julio fue mi cumpleaños, un día que antes me ilusionaba por saber que iba a recibir regalos, por saber que sumaba otro año más y pronto sería mayor de edad, por saber que me daría cuenta de quién me aprecia y quiere en verdad al acordarse de mí.
Ahora es un poco diferente, aunque igual sigo apreciando las muestras de cariño y guardo en mi mente y corazón todos los detalles de mis seres queridos, tengo que aceptar que me comienza a preocupar mi edad. Últimamente siento que las semanas se van volando, y no tengo la seguridad de estar aprovechándolas.
Por otro lado he escuchado que lo que importa es la edad de tu interior, la que tu sientes que tienes y no la que viene escrita en un papel. Si hago caso a eso podría decir que me siento como en mis épocas de prepa, como todo un puberto. La verdad es que si me siento mucho más joven, que a veces hasta me sorprende verme al espejo y descubrir que no soy esa representación visual que me muestra mi cerebro.
En fin, creo esto es parte del proceso y no quiero ni pensar cuando llegue a los treinta. Por lo pronto a darle duro para hacer sentir que los días y semanas son de provecho y a disfrutar de la vida, que gracias a Dios hay salud.
¡Muchas gracias a todos los que me felicitaron!












